Principio y fin

Hoy comprendí la razón porque tú, Andrea, siempre estás y estarás en mí: He relacionado mis mayores placeres y mis mayores dolores con vos.  Lo que me duele me recuerda a vos; cada vez que alguien se va, o cada vez que me siento incapaz de ser empático.  Lo qué más gusto, desde música hasta mi trabajo, desde mis deseos hasta mi sufrimiento elevado, en fin, mis deseos de ser feliz.
Vos estabas en una burbuja de perfección desde la que me acogiste, y que luego fui desterrado, pero de la que mi mente jamás se apartará.  Deseo volver.  Todos sabemos a donde queremos volver.

Mi jefe dejará el trabajo y tuve la sensación que tuve cuando tú me dejaste. Pero sólo duró un momento. Pero me di cuenta entonces que no asimilo igual la partida de cualquiera.  No sé qué pasará conmigo si un día me dejas en este mundo, solo.  Evito  imaginarlo.

Creo que con el tiempo que ha pasado ya habrás pensado, al fin, en que volver conmigo no es adecuado, que cualquier otro es mejor que yo, y que lo que te ofrezco no es más que una sutileza comparada a la belleza y fuerza que cualquier otro puede ofrecerte.  Alguien sano te dará algo bueno.  Yo sólo puedo darte provisional consuelo y nada más.

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