El instante

Sigo leyendo a Simone Weil encontrando en ti algo de ella.  Leí que un pecado sería quitarle un instante feliz a alguien, entonces pensé en los instantes de felicidad que experimentas y me sentí culpable.  Tus arrebatos de felicidad, placer e ira.  Pienso que hay placer en sentir ira y aun más en exponerlo; más ahora leyendo a Simone, me entero de ello.

Hoy iba en el bus y me sentí de nuevo externo al suceso, comprendí mi lugar ahí y la condición que no podía ver antes.  Los rostros cansados; el suelo destruído; las cajas gastadas; la pintura descolorida.  Tengo que estar triste para ver todo eso, o desapegado para ver las cosas como son, o quizás, a lo mejor, es mi deseo fuerte de emigrar el que me hacer ver las cosas de forma sincera como quitándole valor a lo viejo.

Puedo entender ahora que necesito y necesitaré una disciplina para seguir viviendo como lo hago, no ceder a mis deseos, caminar en línea recta para hacer posible ir a mi lugar de destino; ya luego haré lo que quiera (regresar a mi país, por ejemplo); ojalá llegue -ese- día en tres años.  El corazón me latirá fuerte como sabiendo mi objetivo cumplido, liberándome de mi deber como nómada frustrado.

Hoy comprendí que la vida es corta, y que más vale que vos y yo seamos felices.  Hoy pensé que me alegraría saber que eres creyente de nuevo, para yo sentir alivio y saber que tendrás un apoyo más.  Me da miedo dejar el mundo antes que tú.

Lo encontré tirado,
lo vi muy útil entonces.
No lo he usado.

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